miércoles, 15 de octubre de 2008

Crisis en tiempo de Jazz

“Lunes negros” en la calesita, dólar en el trepador, petróleo
y soja en el tobogán, despidos y suspensiones en la marquesina…
El parque de diversiones que Cristina nos quiso vender, cuando se mofaba de la crisis de “ellos”, mutó rápidamente a galería
del terror. Sin tregua desde la paliza agraria, jaqueados por
denuncias de corruptelas y con la caldera social en ebullición,
los Kirchner se atiborraron de nuevas malas noticias: el huracán
que “hizo bolsa” Wall Street empezó a llegar a la “economía real” doméstica. No hay blindaje económico, pero tampoco político
ni social. Los K. responden con nuevas recetas recaudadoras
(de nuestros bolsillos). Otros sectores presionan por devaluar.
Los unos y los otros, quieren que les salvemos las coronarias a banqueros y ricos de todo pelaje, como sucedió en el 2001. Reclamar medidas de emergencia al servicio de los de abajo es lo urgente, pero abordar la necesidad de otro modelo de país y dar pasos hacia una nueva alternativa política no admite más postergación.

Ya no hay analista que, más allá de su visión ideológica, no admita a todas luces que el derrumbe que tiene en vilo al mundo capitalista ha comenzado a impactar en nuestro país. Lo que se discute es hasta dónde va a llegar, sus efectos no sólo económicos, sino políticos y sociales y, sobre todo, cómo actuar. Ya que dista de ser un rayo en cielo sereno. La tormenta llega y golpea sobre un gobierno con la guardia baja y un modelo político y económico que venía haciendo aguas y que recibió el golpe decisivo a manos de rebelión agraria que culminó en julio con una clara victoria popular y abrió una nueva situación política en nuestro país.

Se terminó el viento de cola

La economía ya se venía desacelerando, pero en las últimas semanas, todo empezó a desplomarse. Tanto los indicadores macro-económicos como el humor general empezaron a tomar el ritmo de las grandes crisis. Volvió y crece exponencialmente el riesgo país, la deuda externa regresó al centro de la escena, se habla de rescates financieros, corte de cadena de pagos, licuación del crédito y la palabra ajuste volvió al léxico cotidiano. No sólo la bolsa acumuló “lunes negros”. Ahora queda en evidencia que se terminó el viento de cola: los precios del petróleo y de la soja ya bajaron un 40% colocando en una pendiente la balanza comercial, las reservas del Central son una incógnita y la caja del superávit ser vacía a velocidad. Más allá de las recetas que se proponen desde distintos sectores del atemorizado establishmen, esta situación tiene tres efectos en curso que significan ni más ni menos que nos quieren hacer pagar la crisis a los trabajadores y el pueblo.
En primer lugar se refleja en el presupuesto nacional y sus correlatos de las provincias: se bajan los fondos para las economías regionales y con ello se congela la obra pública y se pone coto a los salarios estatales, se reducen las partidas efectivas para salud y educación y subsidios sociales en general. Más de un tercio del presupuesto va a parar a la deuda externa. Con intención de prolongar superpoderes y la “emergencia económica”. Es decir pierden los trabajadores estatales y los sectores populares.
En segundo lugar, se refleja en que las empresas privatizadas, porque pretenden reducir los subsidios por la crisis, fundamentación para ajustar a su personal y aumentar las tarifas, claro, con el mismo servicio en bancarrota de siempre. Pierden todos los usuarios. Y los trabajadores.
En tercer lugar, se viene una reformulación en toda la empresa privada. Todas “revisan sus planes de producción”. Léase, despidos y suspensiones. La General Motors ya anunció un parate. La Mercedes Benz redujo un turno. Ford y Volskagen van por ese camino, por citar algunos ejemplos. Ya hay 60.000 suspensiones en la construcción por la reducción de la obra pública. Y ni hablar de las empresas ligadas al agro.
Los Kirchner no tienen, por ahora un plan B que no sea aumentar su fiebre recaudadora para rellenar la caja con la que cimentaron estos años su modelo. Hay sectores que presionan, “para proteger el mercado interno”, por una salida devaluatoria, màs allá de la minidevaluación de activos y reserva y la escapada actual del dólar. El gobierno resiste porque le encarece los pagos de la deuda al Club de parís y los bonistas que comprometió sin tapujos Cristina en su gira por el corazón del imperio. Pero se vaya en un sentido o en el otro, los que perdemos seremos los trabajadores, sectores medios y populares.
La perspectiva de esta hecatombe que recién empieza es un escenario de “vacas flacas” que va a ahondar la crisis política y la debacle del gobierno, obligado a un creciente ajuste si medias tintas y que va a incentivar los reclamos obreros y populares.

Mapa político para el poskirchnerismo

La crisis política no le da tregua al gobierno de los K. Surgen o se reactivan causas y denuncias por corruptelas que lo jaquean y se ahondan peleas en sus propias filas. Nuevas valijas con dólares que aparecen, efedrina, narcotráfico y financiamiento de la campañas, Capaccioli versus Ocaña, con sabor a renuncia, entre otras. Síntomas de la mala salud de un gobierno que, todos los analistas coinciden, tiene un escenario de derrota para las legislativas del 2009 y no son pocos los que ven muy preocupados un escenario donde, si la dinámica actual se profundiza, se agrave la gobernabilidad y Cristina no pueda concluir su mandato.
El propio régimen autoritario que habían logrado imponer, el “estilo K.” de gobernar por decreto y con la extorsión fiscal, al vaciarse la caja y debilitarse el capital político, se está derrumbando. Los K. están cada vez más obligados a “negociar” con los distintos fragmentos de su propio bloque y con las variantes “opositoras”, en un Congreso que refleja la crisis y el cambiante mapa político. Las últimas medidas (Aerolíneas, Movilidad jubilatoria) debieron pasar por el tamiz del congreso, sufrieron cambios y se aprobaron en sesiones de crisis. Ahora tiene por delante trámites no menores: presupuesto y superpo-deres, emergencia económica.
Las encuestas siguen mostrando que la mayoría del pueblo les da la espalda. Desde que la imagen positiva de Cristina bajó al récord de los 20 puntos, han dejado de publicarse mediciones, sobre todo cuando las últimas mostraban que seguía descendiendo no sólo en los pueblos del interior y las grandes ciudades, sino hasta en su último refugio: el segundo cinturón del conurbano. Por ello Kirchner trata de encolumnar intendentes de cara a la interna del PJ de noviembre, aunque le cuesta reunir a la tropa. Siente que la única “fortaleza” del gobierno es la debilidad de una oposición que se ha lanzado a rearmar proyectos pero que todavía no despega. El duhaldismo recoge heridos y emigrados del fenecido «nuevo PJ». Felipe Solá, se postula. Macri, arma con Michetti su propuesta para la Capital, donde enfrenta reclamos con los docentes a la cabeza y su gestión acumula problemas que no le permiten plantarse como aglutinador de una alternativa. Hasta los radicales quieren resurgir de las cenizas y hay canales hacia Cobos, que sin irse del gobierno, también quiere armar lo suyo. Todas variantes de la vieja política que se reciclan para tratar de capitalizar el espacio abierto con la debacle del kirchnerismo.
Tal es la debacle del proyecto K. que, en los últimos meses, sectores que integraban el Frente para la Victoria, como los movimientos K de D‘Elía, Pérsico, Libres del Sur (Patria Libre) y algunos otros personajes, al tiempo que comienzan a profundizar críticas hacia el gobierno que integraron y apoyaron fervientemente. Yasky, Sabatella (intendente de Morón), Juez de Córdoba, Ibarra, Bonasso y otros personajes, hablan de montar alguna alternativa, una suerte de “colectora” electoral para tratar de frenar el drenaje del “espacio progresista” que ha venido encandilado con este gobierno.
Elisa Carrió sintiéndose bien posicionada ya presentó sus candidatos para el 2009 y trata de engordar su Coalición Cívica, aunque por la ausencia de medidas realmente alternativas al modelo en crisis, no logra aparecer como algo completamente nuevo.
Hay un espacio vacante desde la izquierda para postular una fuerte alternativa para que no se fabriquen nuevos cantos de sirena con estas falsas opciones que pretenden aprovechar los ánimos populares de castigar a los K.

Se calienta la caldera social

Un anticipo de la respuesta, se ve en el incremento de los reclamos desde distintos sectores. Se ha largado la segunda vuelta de la pelea de los chacareros. Desde la derrota de la 125 que les permitió tonificarse y parar la ruina de miles de pequeños productores, el gobierno no ha modificado un ápice su política de concentración. Y ahora, sequía de por medio, con el encarecimiento brutal de los insumos y el desplome de los precios internacionales, han salido de nuevo a la lucha.
Los docentes y estatales han venido peleando y lo siguen haciendo, junto a trabajadores de la salud y municipales en distintas provincias. El ajuste promete más pelea y una agenda de mayores enfrentamientos. El ejemplo bonaerense demuestra que, de la mano de los tiempos de crisis, el margen para contener las peleas se estrecha y que estas serán más duras. Scioli tuvo que lidiar más de 5 semanas. Porque no tuvo el auxilio inmediato de la caja nacional con el que preventivamente frenó o aminoró las peleas de los últimos años. Y los estatales le tumbaron la reforma previsional. Ahora queda Macri, con una dura pulseada con los docentes por el salario.
Hasta los propios sectores de la burocracia sindical, presionados por las bases tienen que salir a pedir aumentos que exceden largamente las pautas de las patronales y el gobierno, como los mecánicos que reclaman 65%. Y las presiones por reabrir las paritarias, hacen que se esté hablando de otorgar una suma fija por decreto para descomprimir la caldera. La perspectiva es a un incentivo de estos reclamos, a los que se le sumarán conflictos por suspensiones y despidos.
La burocracia de la dividida CGT, refleja esta presión y la necesidad de desmarcarse del gobierno. La CTA también ha ahondado la crisis en su conducción por el enfeudamiento de su secretario Yasky al gobierno. Este dirigente y su sector han apoyado vergonzan-temente la ley jubilatoria, mientras los sectores de estatales y jubilados de la central se movilizaban contra la misma. La derrota de la conducción del SUTEBA en la consulta que pactaron con Scioli en Buenos Aires, es una muestra no sólo del repudio de la base docente por su rol en los conflictos, sino por su apego al gobierno K.
Por eso, el germen de una nueva dirección sindical, aflora en nuevos delegados y dirigentes no sólo en las luchas, sino en las batallas electorales, como las que se vienen en el gremio ferroviario con la Lista Violeta y en la UTE de Capital donde debieron por primera vez oficializar a la oposición y se presentó la combativa Lista Lila.

La necesidad y la oportunidad para producir un cambio

Los luchadores obreros, populares y de izquierda, tenemos una tarea fundamental en lo inmediato que es apoyar las luchas en curso. Peleando por imponer medidas de emergencia para salir de la crisis, pero respondiendo también al debate político abierto en el seno del pueblo de cuál debe ser el rumbo del país, cuál es el modelo a construir. Porque el hundimiento del kirchnerismo, sepulta el verso de que los aires de cambio que recorren América Latina habían llegado a la Argentina de la mano de este gobierno y se demuestra que ahora la crisis se la quieren hacer pagar al pueblo.
Se necesita un nuevo modelo de país. Que apunte a recuperar para el pueblo los recursos naturales y los servicios privatizados, como se hizo en Bolivia con el gas o en Venezuela con SIDOR. Que rompa la dependencia con los EEUU y el Club de París y se deje de pagar una deuda que vuelve a ser récord. Que termine con este modelo de concentración industrial, financiera y agraria y se distribuya la riqueza según las necesidades de los trabajadores, sectores medios y populares. Estableciendo retenciones diferenciadas, nacionalizando el comercio exterior y sentando las bases de una reforma agraria. Eliminando el IVA, vergonzante impuesto al consumo popular y gravando a los ricos de la ciudad y el campo. Para lograr salario, trabajo, jubilaciones, salud y educación. Y exigiendo la convocatoria a una Asamblea Constituyente, para que el pueblo decida cómo reorganizar el país.
Para luchar por imponer este modelo hace falta una nueva alternativa política. Para apoyar los reclamos en curso y también para dar la batalla en las elecciones legislativas del 2009. La debacle de la ilusión kirchnerista, produce un vacío político que significa una gran oportunidad para vertebrar esa alternativa que debe ser amplia y unitaria. Desde el MST y el Espacio por una Nueva Izquierda, venimos abogando por abrir este debate porque vemos condiciones de dar pasos hacia un amplio movimiento, donde confluyan sin falsos hegemonismos y respetando la diversidad, todos los sectores que estén dispuestos a encarar un proyecto amplio, alejado tanto del sectarismo como del oportunismo alrededor de un programa de delimitación y ruptura con el actual modelo y de construcción de un nuevo modelo de país al servicio de los de abajo. Por ello le venimos haciendo esta propuesta a los distintos sectores que se han postulado críticamente frente al gobierno como Proyecto Sur, los sectores de la CTA que impulsan la Constituyente Social, Solidaridad e Iguialdad, el PCR/CCC y otros a armar una alternativa de confluencia. Y en ese sentido venimos interviniendo en eventos y debates para realizar esta propuesta. Lamentablemente hasta el momento no vemos síntomas positivos de voluntad política de avanzar en ese sentido. Son muchas las presiones para que no surja una expresión de este tipo. Intentarán reciclarse proyectos de centroizquierda que ya fracasaron y que no postulan una delimitación real con el actual modelo. Pero la nueva situación política abierta en el país ha sentado las bases objetivas para que esta alternativa pueda ser posible. Por ello desde el MST, a la par que continuaremos llamando a estos sectores, seguiremos avanzando con todos aquellos que vean necesario confluir para dar la pelea ahora y postulando precandidaturas para las legislativas del 2009.

Guillermo Pacagnini