martes, 22 de julio de 2008

El martes el matrimonio presidencial perdió en la calle, con una multitudinaria Marcha Federal. Y el miércoles la paliza se ratificó en el Senado, en una sesión de crisis, claramente condicionada por la movilización. Nock out para la 125! “La página se dio vuelta”… pero no por la decisión de aquél discurso bravucón de Cristina. Fue el corolario de más de 4 meses de lucha en las rutas de miles de chacareros autoconvocados y de millones de trabajadores, sectores medios, comerciantes y pobladores de los pueblos y provincias del interior. Y la síntesis que juntó esa energía con la bronca de trabajadores y sectores medios y populares de las ciudades contra la inflación y el autoritarismo. La gran mayoría de la población le ha dado la espalda al gobierno y su modelo y reclama un cambio de fondo.

Ni la chequera ni la extorsión alcanzaron. Pero tampoco la tremenda apelación a la defensa de la estabilidad del gobierno que hicieron con cara de pánico y moral derrumbada, varios de los senadores obsecuentes al kirchnerismo. Era un secreto a voces que la super-mayoría automática con la que asumió Cristina hace poco más de seis meses ya no existía. Pero no pocos creían que se iba a repetir lo que había sucedido en Diputados y el proyecto de los K. saldría airoso. Que el gobierno se llevaría un premio consuelo para atenuar la tremenda licuación de poder sufrida en estos meses de rebelión agraria y bronca popular. ¿Qué fue lo que determinó que un proyecto del oficialismo fuera rechazado en la institución más arcaica y aristocrática del viejo régimen?

Caminando por la cornisa

El fin de semana negro (para el gobierno) del 14 al 16 de junio creó las condiciones para esta derrota. Los millones movilizados en las rutas y pueblos y los cacerolazos, primero en repudio a la represión y luego a la convocatoria a Plaza de Mayo en manos del provocador D’Elía, habían golpeado muy duro al gobierno y lo habían dejado al borde de la crisis terminal. El propio Kirchner lo admitió, por supuesto, recurriendo al mentiroso argumento del golpe. Pero la realidad no era de golpe sino que tenía olor a 2001, porque se había producido un gran vacío político en las esferas del poder. Los temores a un nuevo argentinazo, hicieron sonar los teléfonos en una apurada reunión de minigabinete con el matrimonio K. El 16/6 el acto convocado se caía, no venían los barones del conurbano, ni siquiera las huestes del incondicional Moyano! El espanto a una caída de Cristina, unieron en un solo grito a todos los sectores políticos y económicos del establish-men que presionaron al gobierno para que de una señal distinta. Allí improvisaron el envío del proyecto al Congreso. Pero apenas pudo tomar un poco de aire, volvieron los problemas. Por más que presionaron con carpas y patotas, por más que decoraron la 125 con formato de proyecto de ley y por más que se insistió en la tesis del golpe y en la campaña de demonización de los chacareros, el gobierno no logró dejar de caminar por la cornisa.

La Marcha Federal fue decisiva


Sin lugar a dudas la masiva Marcha Federal, terminó de ejercer una presión decisiva sobre un PJ fracturado y un gobierno debilitado. Que obligó a reacomodarse a senadores propios y ajenos y al mismo Cobos que debió desempatar. Detrás de la multitudinaria marcha estaban 4 meses de lucha y la mirada vigilante de millones en las provincias y pueblos.
El ámbito de decisión política está en las calles”, dice el analista Rosendo Fraga de Nueva Mayoría. Y prosigue: “La crisis 2001-2002, con los cacerolazos y los cortes, estableció esta regla no escrita, que no cambia desde entonces y que se ve ratificada con la crisis de 2008. Si el campo se hubiera movilizado para el debate del proyecto de retenciones en Diputados, es posible que el resultado hubiese sido adverso al oficialismo. Advirtiéndolo, el miércoles 9 de julio convocó a una movilización antes de la votación en el Senado. El efecto fue inmediato: varios senadores se definieron a favor del campo, cuya posición pasó a tener mayoría en la Cámara Alta, planteando incluso la posibilidad de un empate que de un rol decisivo al Vicepresidente Cobos, enfrentado con el oficialismo.”
La Marcha Federal finalmente convocó para el martes 16/7 y logró reunir cerca de 300.000 personas.
Sobre el cierre de esta edición se confirmaba la derrota del gobierno en el Senado. Un Cobos nervioso, tal vez pensando en el síndrome del Chacho Alvarez y tomando nota de la gigantesca movilización popular, se definió contra los K. ¡Qué crisis!
Y a la luz de ese resultado, una primera conclusión se impone: para ganar sólo hay que confiar en la movilización, como nos mostraron los chacareros autoconvocados y como veníamos planteando desde el MST, cuando insistíamos en la necesidad de movilizar nacionalmente el día en que se trató en Diputados. Sin embargo, las cosas no salieron como esperaban. A pesar que oficialistas y opositores llamaron fervorosamente a la paz social… de los que estaban luchando por supuesto. A pesar que las entidades llamaron a desmovilizar, a dejar las rutas e incluso luego a desarmar la carpa en el Congreso que tanto apoyo popular había concitado. A pesar que todos llamaron a “confiar en el Congreso”, la cosa se les complicó. El proyecto, retocado y disfrazado, ganó por muy poco en Diputados y aumentó la bronca de los sectores en lucha de la población que tomaron nota que los reclamos estaban lejos de satisfacerse. Haberle dejado la cancha libre a la presión del gobierno el día de la votación en Diputados, le había permitido esa victoria muy pírrica. Y la bronca volvió con más fuerza, los tractores se movieron, las rutas empezaron a poblarse de gente y centenares de intendentes y productores de los pueblos viajaron a Buenos Aires a presionar. Desde abajo se impuso la Marcha Federal y el gobierno fue derrotado.

Una negra perspectiva para el matrimonio K

Sin lugar a dudas, en estos momentos de profunda crisis, los K. y sus amigos estarán pensando cómo seguir. Tres espadas de Damocles tiemblan sobre sus cabezas.
En primer lugar cómo seguir ahora enfrentando la situación agraria, luego de este cachetazo a la soberbia y a la concentración económica. Esta derrota categórica para los pooles y los pulpos agroexpor-tadores. Y que fortalece a los chacareros para pelear por un cambio de modelo donde paguen los que más tienen.
En segundo lugar cómo reposicio-narse luego de la derrota, con un PJ quebrado, un Frente para la Victoria que tiene como exponentes residuales a los D’Elía y Depetri y una Concertación Plural que se ha evaporado y encima con Cobos en la vereda de enfrente. Con exponentes de la vieja política como Duhalde que recoge heridos para su Movimiento Productivo. Y con una CGT dividida, que baila al ritmo de la debacle del kirchnerismo. Ya ni piensan en el pacto del Bicentenario. Y el paquete de relanzamiento que viene anunciando Alberto Fernández, con retoques jubilatorios, aumento del mínimo no imponible y un plan de “seguridad alimentaria”, se ha quedado sin escenario de presentación.
En tercer lugar, porque la inflación, la necesidad de reabrir paritarias y aumentar salarios, jubilaciones, planes y presupuestos sociales, la crisis de combustibles y energía, la bancarrota de Aerolíneas, preanuncian un escenario de conflictos sociales y nuevas crisis políticas.
En definitiva, cómo logra evitar que se siga profundizando su debacle y divorcio con los trabajadores, sectores medios y populares. Con una imagen positiva que apenas ronda el 15 al 17% y una negativa que ha trepado al 75%, números récord e inéditos que muestran que la mayoría del pueblo reclama cambiar y busca un nuevo rumbo político para el país.
Seguramente los chacareros y pueblos que tanto pelearon, no deben dar por terminada la batalla. Aún malherido, desde el gobierno puede intentarse una nueva maniobra para tratar de revivir un proyecto que murió en las calles. Los trabajadores por el salario y la reapertura de paritarias, los desocupados y sectores populares por los planes sociales, están en mejores condiciones para intensificar los reclamos.
Junto con estas peleas inmediatas, hay que encarar las respuestas al debate nacional que se abrió en el país acerca de la necesidad de un nuevo modelo y una nueva alternativa política para lograrlo, debates que el fracaso del kirchnerismo ha colocado a la orden del día.

Guillermo Pacagnini

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