viernes, 26 de septiembre de 2008

A 70 años, el Programa de Transición y la IV Internacional: Siguen vigentes

En estas páginas intentaremos plasmar nuestro homenaje a una de las obras más importantes de León Trotsky. En rigor de verdad quiero aclarar lo difícil que es sintetizar la esencia de la IV Internacional y, por ende, el espíritu del Programa de Transición. La IV y el Programa fueron una necesidad de la época y el fruto de una lucha que atravesó toda la vida de Trotsky. Las tareas que planteó hace 70 años cuando peleaba por una Internacional Bolchevique continúan vigentes. Por eso, quiero aclarar que para abordar este tema lo haremos en dos ediciones de Alternativa Socialista sabiendo que para él “a pesar de su carácter extremadamente insuficiente, era el trabajo más importante de su vida; más que el de 1917”...

Es imposible hablar del surgimiento de la IV Internacional y su Programa sin ubicarlos en un contexto histórico. El Programa fue el fruto de años de pelea en defensa del bolchevismo que, décadas más tarde, no ha perdido vigencia. Él historiador Isaac Deutscher, a pesar de las diferencias, lo ha definido como “un gran programa de la revolución y una conmovedora llamada a la acción” al que comparó con el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. 

La Oposición de Izquierda

En 1923, ya se veía lo que luego sería la burocracia stalinista. La voz de alarma la había dado Lenin que, recién recuperado de su enfermedad, dijo “nuestra burocracia es algo monstruoso, me he sentido espantado”.Trotsky, también estaba convencido que debían combatir la burocratización del Estado y la del Partido. Así, inicia su carrera contra el tiempo fundando la Oposición de Izquierda. La plataforma de aquel agrupamiento sería firmada por 46 miembros del Comité Central y denunciaba los errores de la dirección que paralizaba y dividía el Partido. A la discusión, Stalin le opone la fuerza y comienza la más brutal de las persecuciones que sólo terminaría con el asesinato de León Trotsky en el ’40.
La discusión contra el stalinismo no sólo se centraba en la burocratización. Desde 1905, Trotsky había planteado el rol dirigente de la clase obrera en los países industrialmente atrasados y subdesarrollados. Había bosquejado lo que luego sería la Revolución Permanente que escribiría en Alma-Ata y terminaría en Turquía en el ‘29. Si bien la Revolución de Octubre apadrinada por Lenin se había basado en esa teoría, Stalin la aborta justificando su centrismo ante el surgimiento del fascismo, con la teoría del socialismo en un solo país. Así, los partidos comunistas europeos desviaron la mirada y luego se convirtieron en cómplices del surgimiento del fascismo que comenzaba a caminar con pies de hierro y bañaría de sangre a Europa. Nacían los Hitler, los Mussolini y los Franco entre otros grandes tiranos. Comenzaba a germinar una de las derrotas más grandes que sufrió el movimiento obrero. 
Por aquellos años, a pesar de las dificultades y la persecución, Trotsky estaba convencido que no se trataba de derrocar al “aparato centrista por medio de la acción aventurera de una minoría” sino de “cambiar la relación de fuerzas en favor de la izquierda”… Por ende, aclaraba: “No es nuestra intención construir una cuarta internacional. Nos mantenemos firmes en las tradiciones de la Tercera Internacional, que surgió de la Revolución de Octubre bajo la dirección de Lenin.”
Los cimientos de la Oposición de Izquierda eran claros e intentaban garantizar medidas que terminaran con el burocratismo en el seno del PCUS, como la rotación de cargos y la necesidad de que las discusiones y la organización partidaria se basaran en el centralismo democrático siguiendo la tradición de Lenin. 

El camino a la Cuarta

Hasta 1933, la «Oposición de Izquierda Internacional» se había considerado una fracción dentro de la Internacional Comunista que se estaba convirtiendo en un mero instrumento de la política exterior de la URSS. En ese marco se realiza una Conferencia en la cual la Oposición vota los “once puntos” con los cuales batallarían contra Stalin. Planteaban la independencia del partido proletario; el carácter internacional de la revolución; el repudio a la política económica stalinista y la necesidad de volver a una economía realista; el repudio a la colaboración de clase y el “devenir pacífico” de la dictadura democrática en socialista; el reconocimiento de la democracia partidaria en los hechos; y el repudio al régimen stalinista que cercaba el acceso a la información de la base. 
Como dijo Trotsky “la conferencia no aprobó un programa acabado pero sí las tesis principales que dan las directivas para un programa… La orientación política del programa ya está determinada.” Peyorativamente los firmantes de los once puntos eran llamados “trotskistas” y eran expulsados de los partidos comunistas. Aún así, Trotsky consideraba que sólo una “inmensa catástrofe histórica” sellaría el certificado de defunción de la Tercera y se seguía reivindicando como miembro. 
Con el triunfo del fascismo, la gloriosa Tercera Internacional de Lenin era, en manos del stalinismo, una herramienta contrarrevolucionaria. Con el ascenso de Hitler, la “catástrofe” tenía nombre y apellido. Había llegado la hora de “romper con esa caricatura moscovita de internacional” resultaba “imposible responsabilizarse, ni  aún en lo más mínimo, por los stalinistas... hay límites para todo”  
Las bases del programa ya estaban sentadas y el espíritu de esta nueva hazaña se remontaba a los 4 primeros congresos de la Internacional que agonizaba. Había que comenzar a construir partidos, y la IV Internacional se planteaba como una necesidad del movimiento obrero. En el seno de los trotskistas había discusiones. Algunos creían que proclamar la IV era prematuro. Trotsky respondió contundente ‘”usted considera que es más ‘modesto’ y exacto, mantener el nombre de ‘Movimiento pro Cuarta Internacional’… Este nombre me parecía pedante, inadecuado y algo ridículo hace dos años… no ha sido aún aceptado. Nadie nos llama por este nombre… todos hablan con un solo nombre, la Cuarta Internacional”…En el mismo Programa de Transición, Trotsky escribe “los escépticos preguntan: ¿ha llegado el momento de crear una nueva Internacional? Es imposible, dicen, crear «artificialmente» una Internacional. Sólo pueden hacerla surgir los grandes acontecimientos… Lo único que demuestran… es que los escépticos no sirven para crear una nueva Internacional. Por lo general, no sirven para nada… La Cuarta Internacional ya ha surgido de grandes acontecimientos; de las más grandes derrotas que el proletariado registra en la historia… La lucha de clases no tolera interrupciones. La Tercera Internacional… ha muerto para la revolución. ¿Ha llegado ya el momento de proclamarla? La Cuarta Internacional- respondemos- no necesita ser ‘proclamada’. Existe y lucha”. 

El Programa de Transición

En 1938 se realiza el Congreso fundacional de la IV. Participar no había sido fácil. La marca del asesinato y el exilio no lograba amedrentar a esos revolucionarios de acero que estaban dispuestos a lograrlo. Al votar el Programa de Transición como cimiento de la IV, estaban votando uno de los grandes aportes de Trotsky al marxismo revolucionario. 
“La crisis actual de la civilización humana –decía Trotsky- es la crisis de la dirección proletaria. Los obreros revolucionarios agrupados en torno a la Cuarta Internacional señalan a su clase el camino para salir de la crisis. Le proponen un programa basado en la experiencia internacional del proletariado y de todos los oprimidos en general”
La misión de la IV estaba plasmada a fuego en su Programa y consistía en “aniquilar la dominación del capital” porque “su objetivo es el socialismo”. Pero preocupado por la burocratización, también planteaba los temas organizativos del Partido Mundial al sentenciar “sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaría. El régimen interior de la Cuarta se rige conforme a los principios del centralismo democrático: completa libertad en la discusión, absoluta unidad en la acción.”
 Mientras este programa para la acción se votaba, el trotskismo argentino recién estaba naciendo. En sus testimonios de la primera década, Lagar (uno de los fundadores del Grupo Obrero Marxista, grupo originario de nuestra corriente) cuenta que “la debilidad naciente de la Cuarta, además, no permitía superar el aislamiento de los trotskistas en nuestro país. El GOM debió manejarse en su comienzo con las anteojeras nacionales, para mirar la realidad de la lucha de clases en el mundo del cual formaba parte como una unidad. Por eso es útil destacar el primer gran esfuerzo que se llevó a cabo para romper el aislamiento, y dejar atrás el trotskismo bárbaro. La ligazón directa con el movimiento trotskista internacional tuvo lugar, orgánicamente como grupo a partir del ’47. Se viajó a Brasil, se convocó a delegados latinoamericanos de Chile, Perú, Cuba y Bolivia que nos visitaron en distintas fechas. Pero el salto verdaderamente significativo se dio en ocasión del II Congreso de la Cuarta en abril del ’48 en Suiza... Enviamos como delegado a Nahuel Moreno -que ya había conformado el POR- Este Congreso marca el inicio de nuestra militancia internacional consecuente y la superación del aislamiento. Significó que Moreno accediera a una visión más amplia y totalizadora de la lucha de clases... Recordar como se hizo el esfuerzo, casi vale tanto como un curso de internacionalismo... Debe recordarse que el Grupo estaba íntegramente proletarizado; que no había periferia, ni adherentes de la clase media, profesionales, etc; y que, por lo tanto, las cotizaciones de obreros militantes eran el único y magro sostén de la actividad. Cuando se planteó el viaje del delegado, comenzó una ardua tarea en Pobladora y Crucecita, explicando uno a uno los compañeros la importancia del Congreso y de nuestra concurrencia. Después se pasó a empadronar a los voluntarios que tuvieran algo susceptible de ser llevado al Banco Municipal de Préstamos de la Ciudad de Buenos Aires, del que éramos habituales clientes. Complementariamente, se hizo una “vaca proletaria” en Pobladora, y se vendieron todo tipo de objetos, con valores de cambio y significados muy diversos, como cuchillos, rastras, medallas, guitarras, acordeones, armónicas, etc, . Cuando esta fuente se agotó fueron “confiscadas” las quincenas de aquellos miembros de la dirección que trabajaban en fábricas. Finalmente, acompañamos a Hugo al puerto y cuando el “Provence” zarpó hacia Francia regresamos a Crucesita... Estábamos contentos.” 
El viaje cambió a Moreno y regresó un hombre que había entendido el mensaje de Trotsky en el Programa de Transición. El eje central era construir la IV en todos los países, a pesar de la debilidad de los grupos para derrotar a los aparatos contrarrevolu-cionarios, superar la crisis de la dirección y conducir al proletariado a la revolución socialista. A pesar del derrumbe de los estados burocráticos socialistas, esta premisa continúa más vigente que nunca. 
El Programa de Transición está conformado por 21 apartados en los cuales se combinan las explicaciones políticas con reivindicaciones, demandas y consignas concretas para las peleas cotidianas que da el proletariado. Demás está decir que el Programa fue escrito en un momento histórico particular pero aún así las premisas de Trotsky continúan vigentes ya que «este programa no es el descubrimiento de un solo hombre. Es el resultado de la larga experiencia de los bolcheviques… Es la aplicación de los viejos principios a la situación actual. No debe considerarse inmutable como el hierro, sino como algo flexible, de acuerdo con la situación».
En síntesis el Programa de Transición es la herramienta de los revolucionarios para ayudar a las masas, para superar las ideas, sus métodos heredados y adaptarse a las exigencias de la situación objetiva. Es necesario “superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia. Es preciso ayudar a la masa... a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.” 
Este artículo intenta reflejar parte de lo aportado por León Trotsky, sabiendo que esta contribución no cierra los debates planteados entorno al Programa ni a la IV. En la próxima edición intentaremos abordar los debates que se produjeron desde la II Guerra Mundial hasta la actualidad en el seno del trotskismo.

 

Mario Doglio